Esta semana ha sido de esas que desearías que nunca pasaran, todo comenzó el martes, cuando a las tres de la mañana un zancudo me despertó, tras varias picaduras no pude atraparlo. Al amanecer, decidido a hacer ciertas cosas, me dirigí a ducharme pero antes de llegar uno de mis lentes literalmente salto del marco para estrellarse contra el lavamanos, con las consecuencias esperables, se partió en 3 pedazos
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Tras ducharme comencé la búsqueda de mis antiguos anteojos, la cual fue infructuosa, por lo que quedé condenado a los lentes de sol, por lo que pasado las 6 de la tarde o con luz artificial apenas veo. Luego vino la calma que anuncia que algo peor ocurrirá, y ocurrió, el viernes nuevamente fui despertado por el zancudo a las 3 de la mañana, pero esta vez poco pude hacer para luchar, pues a esa hora con lentes oscuros no tenía chance de atrapar al insecto, lo que el aprovechó para atacarme y picarme mi ojo derecho. El resultado, al amanecer mi ojo estaba inflamado y casi no podía abrirlo, y tenía pocas horas pues debía estar en la Universidad a las 9:30 hrs.; un poco de hielo ayudó a abrir el ojo y partí rumbo a la universidad para el examen de grado de una amiga, y al llegar a la universidad veo que el asiento delantero de la micro me había dejado las rodillas ¡llenas de grasa!
En este punto es cuando ya colapsas y te entregas a la terrible realidad que hay que afrontar. Y ahora a seguir viviendo en la oscuridad, al menos hasta el martes.


