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“El peatón” es el título del segundo cuento del libro “Las Doradas Manzanas del Sol” de Ray Bradbury. Este el primer gusto que me doy ahora que trabajo. Y es que desde siempre la lectura me ha fascinado. Pero no cualquier libro es el que me gusta. Me desagradan aquellos libros que te dan consejos o creen poder enseñarte como vivir la vida. Si la vida fuese tan simple como para poder crear un manual sobre ella no valdría la pena vivirla.
Los géneros que me apasionan son el misterio y la ciencia ficción. Y es que te permiten vivir esas aventuras que a veces nos negamos a vivir a diario, esas aventuras que pensamos que nunca viviremos, pero que deseamos.
Pero volviendo a El Peatón este cuento narra un futuro cercano el 2052, en el que una persona sale a caminar por el gusto de caminar, por ese placer inexplicable de dar pasos sin un destino prefijado. Y no pude menos que sentirme identificado por este personaje al que se le acusa de locura por su rutina diaria de caminar, y es que esta costumbre la tengo desde hace años. Y justamente la profesión del personaje en cuestión es escritor. Y esto no es una coincidencia, pues esa aventura en la que los escritores son capaces de incorporarnos es justamente lo que le da el gusto a la caminata por placer.
Esto lo aprendí hace muchos años de una amiga que recuerdo con mucho cariño, un Sol del Norte que me enseñó que de cada experiencia, por trivial que sea, puedes hacer una aventura, y disfrutar de la vida sin vivir preocupado de lo que el resto considera “normal”. Y es que las locuras o manías que el resto no entiende es quizá lo que nos diferencia del resto.
Así que estos dos vicios mios son algo que me gustaría compartir, algo que me gustaría contagiar, vayan y lean, vayan y salgan a caminar sin un rumbo definido, vayan y vivan la aventura.
