El Ángel volaba sobre la ciudad como siempre, guiado por los vientos caprichosos,
y sin darse cuenta donde estaba aterrizó.
Para cuando notó donde estaba ya era demasiado tarde, era imposible no sentir su presencia allí.
Sabía que era un error pero se acercó a la casa hasta quedar justo frente a ella.
Sabía que ella estaba dentro, todo su ser le gritaba que ella estaba allí.
Era imposible ignorarlo y se quedó detenido por un tiempo que le parecieron horas,
aunque quizá solo fuesen unos segundos.
Sus ojos se humedecieron, y un volcán de sentimientos encontrados se apoderaron de él, parado frente a la casa amarilla.
Solo una vez entro en ella, en un tiempo en que el mundo era de un color tan distinto.
Pero no era la casa, era la presencia de ella dentro lo que lo hizo sentir así.
Debía irse, sabía que estar ahí era un error, pero su cuerpo no respondía.
Su mente medito, en todo este tiempo la ha evitado con éxito, casi,
pero las condiciones ahora han cambiado, una nueva etapa comienza y tarde o temprano volverá a cruzarse con ella.
Sabía que a pesar del tiempo que ha pasado no estaba listo.
Sabía que sin importar el tiempo que haya pasado nunca lo estará.
Pero debe hacerlo, debe estar listo.
La soledad, el dolor, y la rabia solo tienen un resultado, la oscuridad.
Y el Ángel volvió a dejarse llevar por esa oscuridad.
después de mucho tiempo, volvió a sentir como sus alas dejaron ese blanco intenso para volverse del color de la noche,
después de mucho tiempo, volvió a sentir como esa sensación despertaba en él para volver a ser quien hace mucho fue.
El Vengador despierta nuevamente, y ahora sí el Ángel abre sus alas para volar.
El Ángel se aleja, y lo sabe. Ahora si está listo.

